La "vacuna de Oxford": el pueblo quiere saber de qué se trata

Por M. Alejandra Petino Zappala - 21 Julio 2020 15:47

Tiempo de lectura: 3 minutos.

Hay resultados prometedores en el ensayo de una vacuna contra el SARS-CoV-2, el virus que causa COVID-19. El trabajo apareció en la revista The Lancet el día de ayer y la noticia inmediatamente dio la vuelta al mundo.


¿Qué es?

La vacuna se llama ChAdOx1 nCoV-19. Para los amigos, "la vacuna de Oxford", ya que fue desarrollada por el Oxford COVID Vaccine Trial Group. Consiste en un vector viral deficiente (es decir, un virus que no puede reproducirse, únicamente sirve como vehículo; en este caso es un adenovirus de chimpancé) que contiene sólo una parte de la información genética del SARS-CoV-2. Este fragmento permite producir la proteína Spike, aquella que se encuentra en la superficie del virus y le valió el nombre de "corona", pero no puede producir el resto de las partes del patógeno. Al aplicar una vacuna que sólo permite sintetizar esa proteína, el paciente podría crear los anticuerpos necesarios sin estar realmente expuesto al virus, por lo tanto no corre peligro de ser infectado. 

 

¿Cómo funciona?

Cuando se aplica la vacuna, las células reciben el fragmento de información genética para la proteína Spike y algunas de ellas la producen. El sistema inmune detecta a la proteína Spike como extraña y comienza a producir anticuerpos que la reconocen y la neutralizan. Esto significa que si luego de recibir la vacuna la persona está en contacto con el virus, podrá producir inmediatamente los anticuerpos neutralizantes que reconocerán a la proteína Spike en la superficie viral, de manera que su sistema inmune podrá activarse rápidamente y prevenir una infección. 

 

¿Qué sucedió en los ensayos?

Los resultados que se publicaron ayer en The Lancet corresponden a las primeras etapas de la investigación en seres humanos, que se realizan en una cantidad reducida de voluntarios sanos para poner a prueba su seguridad y eficacia. Según el trabajo, aquellos que recibieron la vacuna desarrollaron una respuesta inmune específica, es decir, pudieron producir los anticuerpos que reconocen a la proteína Spike. Las fases previas de experimentación, hechas in vitro y en macacos, habían demostrado que estos anticuerpos podían reconocer y neutralizar a Spike, y eran efectivos para proteger a los primates de infección por SARS-CoV-2 (algo que, por cuestiones éticas, no puede ponerse a prueba en seres humanos).

Los investigadores también concluyen que en esta etapa la vacuna parece suficientemente segura, con algunos casos de efectos secundarios leves como fiebre o dolor muscular.

 

¿Y ahora?

Pese a los resultados positivos, hay que tener en cuenta que la vacuna está en etapas tempranas de experimentación, y no es inusual que muchos fármacos queden en el camino y nunca sean aprobados. Las siguientes fases (que ya empezaron en algunos países) involucran un mayor número de voluntarios y también evaluaciones más prolongadas en el tiempo, que permitirán entre otras cosas conocer si existen efectos secundarios graves pero poco comunes y si la inmunidad generada se mantiene en el tiempo o no.

 

¿Qué otras vacunas hay?

En este momento se están ensayando numerosas vacunas de distintos tipos contra el SARS-CoV-2 en varios países. De hecho, esta es la segunda noticia sobre vacunas que tenemos en poco tiempo. También supimos la semana pasada que en nuestro país se harán ensayos de una vacuna del laboratorio Pfizer. Esta, a diferencia de la de Oxford, es una vacuna de ARN mensajero, una forma diferente de introducir la información para sintetizar la proteína Spike. Si todo sale bien, será la primera vacuna de este tipo en aprobarse en la historia. Pero aunque los resultados preliminares sean auspiciosos, hay que tener cautela: una nueva tecnología siempre tiene un mayor riesgo de imprevistos, y este peligro aumenta en una situación de urgencia como la presente, en que los ensayos médicos se hacen en tiempo récord y con una mayor laxitud

Por lo pronto, hay actualmente un gran número de proyectos para desarrollar vacunas y fármacos que funcionen contra COVID-19. Aunque hay algunos datos prometedores, su aprobación será un proceso largo que debe llevarse a cabo con el mayor de los cuidados, evitando que el miedo al virus ponga en juego las buenas prácticas científicas y médicas.



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