Eugenia Sacerdote de Lustig, una vida completa

Por Julieta Mirabelli - 9 Nov. 2020 10:28

Tiempo de lectura: 4 minutos.

Hoy se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de Eugenia Sacerdote de Lustig. Tal vez no la hayas oído nombrar, pero su historia es apasionante y un ejemplo de dedicación al desarrollo científico y con un gran compromiso con la salud pública


Nacida en Italia en 1910 en el seno de una familia judía, Eugenia estudió medicina junto a su prima Rita Levi Montalcini en una época donde el estudio universitario estaba vedado para las mujeres. Ellas debieron prepararse durante meses para los exámenes de ingreso, pasaron años de burlas y molestias por parte de sus compañeros varones, pero lograron graduarse con las mejores notas. Además ambas fueron seleccionadas como ayudantes en la cátedra de Histología liderada por su profesor Giuseppe Levi, junto a otros investigadores, quienes años posteriores recibirán el premio Nobel por sus trabajos en ciencia.

Durante este tiempo Eugenia adquirió las habilidades del trabajo con cultivos celulares, conocimientos que luego trajo a la Argentina cuando en 1939 su esposo fue trasladado a trabajar a América, a partir del terror que desatara Benito Mussolini y las leyes raciales que dictaminó el fascismo.

Instalada en Buenos Aires junto a su familia, pasaron varios años hasta que Eugenia decidió volver a conectarse con el trabajo y la investigación científica. De a poco empezó a frecuentar los pasillos de la facultad de Medicina, y si bien en ese momento no logró revalidar sus títulos universitarios para poder ejercer medicina en Argentina, pudo contactarse con investigadorxs en el área de biología celular para trabajar como técnica en la Facultad de Medicina de Buenos Aires.

Durante 1943 en la Argentina ocurrió el golpe militar que derrocó al presidente Ramón Castillo y muchos científicos e investigadores entre ellxs el premio Nobel Argentino Bernardo Houssay, para el cual Eugenia trabajaba, debieron abandonar el país renunciando a su trabajo en la facultad.

Con amigxs y colegas exiliados Eugenia siguió trabajando en la Universidad por un tiempo hasta que fue convocada por el Instituto Oncológico Angel Roffo y más tarde por el Instituto Nacional de Microbiología A. Malbrán. La técnica de los cultivos celulares que había aprendido en Italia y traído al país se había vuelto esencial en la investigación del cáncer y en el diagnóstico de enfermedades virales.

En 1956 se desata la mayor epidemia de poliomielitis en el país afectando a miles de personas. Es una enfermedad altamente contagiosa causada por el poliovirus, que ataca al sistema nervioso, sobre todo de niñxs menores de 5 años, trayendo consecuencias graves como parálisis en la musculatura esquelética y muchas veces en los músculos respiratorios, causando la muerte. Eugenia como jefa de Virología, estaba a cargo de hacer los diagnósticos, un papel que implicaba una gran responsabilidad. Tal era la preocupación por la enfermedad que luego de cada día de trabajo quemaba la ropa para evitar llevar el virus a su casa y así proteger a sus hijxs. En ese momento en Estados Unidos, el biólogo Jonas Salk estaba trabajando en una vacuna contra la poliomielitis, aún en etapa experimental en la cual utilizó porciones del poliovirus inactivado. La organización Mundial de la Salud envió a Eugenia a visitarlo para que pudiese informarse sobre el trabajo del equipo de Salk y el avance de la vacuna. Allí descubrió que los resultados obtenidos hasta ese entonces eran muy prometedores y volvió convencida de su eficacia. Un tiempo después, ante la demora por la decisión del Ministerio de Salud, se inoculó ella misma la vacuna y también a sus hijos, para convencer a la población de los beneficios de la misma. Las personas no tardaron en acercarse al Malbrán para ser vacunados. Cabe destacar que Albert Sabin (microbiólogo Polaco, radicado en Estados Unidos) también desarrolló junto con su equipo de investigación y poco después que Salk, la vacuna que se utiliza actualmente. Luego de que sea producida en masa para todo el mundo, cambió drásticamente el panorama de la poliomielitis. Hoy en día, han disminuido los casos en más de un 99%.

Era entusiasta esta gran mujer, que trabajó intensamente hasta los 80 años cuando la ceguera le impidió continuar, y tan incansable que vivió hasta los 101 años. Llegó a publicar más de 150 trabajos científicos y fue directora de muchas tesis doctorales. Su contribución al conocimiento científico argentino no se detuvo por las complicaciones políticas ni sociales. Hoy, en un nuevo aniversario de su nacimiento, la recordamos y mencionamos porque su historia de vida es un ejemplo de dedicación y compromiso, siempre fiel a sus principios y estricta en su trabajo que con una mirada podía alejar al que se acercara con deseos de sacar algún provecho, así nos contaron lxs que tuvieron la suerte de conocerla.

Fotos: UBA Noticias - Wikipedia



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