Fuente: Texas Childrens Hospital

Corbevax: buena, bonita y barata

Por M. Alejandra Petino Zappala - 10 Enero 2022 12:29

Tiempo de lectura: 4 minutos.

Trabajan contra viento y marea en enfermedades desatendidas y fabricaron una vacuna sin patentes contra el COVID-19, la más barata hasta la fecha y ya autorizada en la India.


Una vacuna efectiva, fácil y barata de fabricar, libre de patentes. No es la panacea; ni las vacunas son lo único necesario para frenar la pandemia de COVID ni el SARS-CoV-2 es el primer virus, ni será el último, en hacernos pasar un mal rato, especialmente mientras no cuestionemos algunas de nuestras prácticas actuales. Pero, en un mundo en que la enfermedad está asolando ahora, en que muchas personas necesitan protección cuanto antes, una vacuna accesible es muchísimo.

Recordemos la lucha por la liberación de patentes para todos los insumos (no sólo las vacunas) impulsada por India y Sudáfrica, siendo que en este último país, que apenas araña un 25% de la población totalmente vacunada, parecería haber surgido la variante omicron). La iniciativa quedó en la nada luego del bloqueo de la Unión Europea y de un tibio apoyo de los Estados Unidos. Mientras en el primer mundo el principal problema son los grupos que se oponen a inocularse y en algunas regiones más de la mitad de las vacunas se vencen por falta de demanda, la mayoría de los países africanos tiene menos del 10% de su población vacunada con dos dosis.

Porcentaje de vacunados con al menos dos dosis hasta la fecha (por país). Fuente: OurWorldInData

Hace poco se prendió una luz de esperanza, aunque sea para este aspecto del problema: Corbevax, una vacuna para todxs. La noticia se difundió en las últimas semanas, pero como suele pasar en el mundillo de la ciencia, la historia lleva ya décadas. Se trata de un desarrollo de un grupo de investigadores, codirigido por la hondureña María Elena Bottazzi y el estadounidense Peter Hotez, dedicado al campo de lo que se llama las “enfermedades tropicales desatendidas”. Estas patologías usualmente afectan a regiones o poblaciones de bajos recursos y no son, por lo tanto, una prioridad para el establishment médico o científico, por más que se lleven millones de vidas cada año. Hace casi 20 años el grupo trabajó en el desarrollo de una vacuna contra otro coronavirus, el SARS, causante de una pandemia que pudo ser finalmente contenida. El interés por la vacuna decayó; aunque se sabía que otros brotes de coronavirus eran probables, casi seguros, los investigadores se quedaron sin fondos. Ya a nadie le interesaba el asunto, nadie esperaba hacer dinero con una vacuna para un patógeno que, en ese momento, había dejado de ser un problema inmediato.

Saltamos a los comienzos de 2020, cuando se identificó el causante de la nueva enfermedad surgida en Wuhan: otro coronavirus, en este caso bautizado SARS-CoV-2. Pero esta vez, por algún motivo (por muchos motivos en realidad), todos los esfuerzos por contener al virus fracasaron. Cómo siguió la historia, ya todos lo sabemos.

Con muchos menos recursos que las grandes farmacéuticas, pero determinados a desarrollar un producto accesible, los investigadores retomaron el trabajo empezado casi dos décadas antes. Conseguir financiación, declararon, se dificultó mucho en un mundo que le estaba apostando a tecnologías más novedosas (y caras, es decir, potencialmente mucho más rentables). Pero de a poco fueron consiguiendo ayudas filantrópicas, desde fundaciones de lucha contra la pobreza hasta un fabricante de bebidas alcohólicas de Texas, Tito’s Vodka.

Por ahora, parecen venir bien encaminados. A pesar de las dificultades, cerrando el 2021 se autorizó para su uso de emergencia en India la inyección bautizada Corbevax. Basada en la ya conocida y confiable tecnología de subunidades proteicas (una vacuna basada en proteínas, como la de la hepatitis B), ningún paso de su fabricación está patentado y toda la información será de libre acceso. El costo de elaboración de cada dosis es de poco más de un dólar, lo que la hace por mucho la más barata de las disponibles, y el proceso es similar al de la vacuna de la hepatitis, por lo que cualquier laboratorio que pueda fabricar esa vacuna podría producir Corbevax. Esto es además una protección contra la especulación como la de la multinacional Pfizer, que aumentó el precio de sus dosis a medida que subía la demanda.

Los creadores de la vacuna. Fuente: Baylor College of Medicine

La idea es que pueda fabricarse a gran escala y a nivel regional: “Hay que tener una mentalidad de acceso abierto para descolonizar - declaró la investigadora Bottazzi en entrevistas - que no se produzcan estas vacunas solamente en países de altos ingresos”. Además, la vacuna es halal (apta según los preceptos de la religión islámica), algo importante para que sea aceptada por las personas de esta religión.
Mientras se esperan las próximas autorizaciones de emergencia, el grupo continúa trabajando (muy lentamente, por la falta de fondos) con otras problemáticas que afectan a países periféricos, como esquistosomiasis y mal de Chagas. Brindamos por ellos, tal vez con un shot de vodka.



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