Aislamiento social en animales

Por Alejandra Castro - 28 Enero 2021 13:13

Tiempo de lectura: 5 minutos.

¿Sabías que los humanos no somos la única especie que practica aislamiento social para desacelerar el avance de una epidemia?  En esta nota te contamos cómo hacen los animales para enfrentar enfermedades infecciosas


Si bien en la literatura científica habían aparecido fuertes advertencias sobre la alta probabilidad de que virus que causan gripe en aves o en cerdos pudieran adquirir la capacidad de infectar humanos y que los países debían prepararse para manejar esta situación, las recomendaciones no fueron tomadas en serio. La pandemia causada por el SARS-COV-2 sorprendió a los gobiernos de los distintos países sin demasiadas herramientas para contener la diseminación de la COVID-19.

Sin una vacuna disponible para su prevención ni un tratamiento eficaz con antivirales, la mayoría de los países utilizaron el distanciamiento social obligatorio (o cuarentena, como habitualmente la llamamos) como estrategia para impedir la diseminación de este coronavirus  particularmente contagioso. El aislamiento social nos resulta muy poco natural a los humanos. Extrañamos el contacto con nuestros familiares y amigos, nuestros trabajos y la posibilidad de movernos con libertad en nuestro entorno. Queda más que claro que la cuarentena es una experiencia de vida que seguramente en la  mayoría de los humanos deja un impacto negativo en su estado emocional y físico. Más allá de todas las explicaciones que nos brindan los expertos en diferentes áreas, muchas personas se siguen preguntando si la cuarentena es una medida apropiada para controlar enfermedades.

Una vez más, la naturaleza  ayuda a contestar esta pregunta. El aislamiento social es una estrategia frecuente en animales de especies tan diversas como las langostas, los monos, los pájaros, los peces y los insectos. Los miembros de una población son capaces de detectar aquellos que se encuentran enfermos, se mantienen separados de ellos y cambian comportamientos para detener la propagación de enfermedades que podrían matarlos. Las estrategias utilizadas varían desde evitar acercarse a un individuo enfermo hasta mantener interacciones sólo con los parientes más cercanos. Estos comportamientos son lo que los ecólogos denominan "inmunidad conductual". Los animales salvajes no tienen vacunas (como nos sucede a los humanos en esta ocasión con el coronavirus), pero pueden prevenir enfermedades adecuando su comportamiento. Las especies que viven en grupos y forman sociedades tienen ciertas ventajas: pueden cazar juntos para capturar presas, mantenerse calientes y combatir a los depredadores. Sin embargo, esta vida en comunidad también provoca brotes de enfermedades contagiosas y en consecuencia durante la evolución se han favorecido mecanismos que los ayudan a evitar la propagación de un patógeno.  Aquellos que se distancian durante un brote tienen mayor probabilidad de sobrevivir a la infección y dejar descendencia que también presentará esta conducta de aislamiento social.  

La langosta espinosa del Caribe es una especie que presenta inmunidad conductual. Los individuos infectados por un virus mortal producen sustancias que son eliminadas por la orina. La presencia de estos compuestos es tomada como una señal de alarma y los miembros sanos de la población evitan entrar en contacto con ellos. Por difícil que sea encontrar un refugio y quedar expuesto a los depredadores, el animal se va hacia aguas abiertas y se aleja del virus. Sin embargo, este comportamiento tiene su precio ya que el distanciamiento social, incluso por períodos cortos, significa perder los importantes beneficios que brinda la vida en comunidad. Por esta razón, el rechazo total es solo un enfoque que toman los animales para protegerse de las enfermedades.

La langosta espinosa es un crustáceo que vive en los arrecifes y manglares del Océano Atlántico y utiliza el aislamiento social cuando aparecen infecciones en su población.

Otras especies han desarrollado estrategias de distanciamiento social para proteger a los más valiosos o vulnerables de su grupo. Los ejemplos más impresionantes ocurren en los insectos sociales, donde los miembros de la población tienen roles distintos que afectan la supervivencia del grupo. En un trabajo dirigido por Nathalie Stroeymeyt de la Universidadde Bristol en Inglaterra y publicado en 2018 en la revista Science, los investigadores estudiaron los movimientos de las hormigas de jardín durante el brote de un hongo letal. Las esporas de este hongo pasan de hormiga a hormiga a través del contacto físico, invaden sus cuerpos y las enferman en un período de 24 a 48 horas. El tiempo transcurrido entre la exposición y las manifestaciones de enfermedad les permitió a los investigadores ver si las hormigas cambiaban su comportamiento social cuando detectaban la presencia del hongo. Lo que se pudo observar es que tanto las hormigas recolectoras enfermas como las sanas se aislaron pasando más tiempo lejos de la colonia para disminuir el riesgo de infección de los miembros de mayor valor reproductivo (la reina y las "nodrizas" que cuidan a las crías). Las nodrizas también tomaron medidas al transportar a las crías hacia el interior del nido alejando a estas de las recolectoras una vez detectado el hongo. Este distanciamiento social estratégico fue tan efectivo que todas las reinas y la mayoría de las nodrizas de la colonia del estudio sobrevivieron al brote.

La hormiga negra de jardín vive en comunidad y protege a las crías alejándolas del hormiguero cuando detecta la presencia de hongos patógenos.

El distanciamiento social estratégico significa mantener en algunos casos ciertas relaciones incluso cuando estas aumentan el riesgo de enfermedad. Así se observa en el caso de los mandriles, primates de hábitos comunitarios con caras llamativamente coloridas, para los cuales el aseo mutuo no solo mejora la higiene, sino que consolida los lazos sociales. Los mandriles modifican sus comportamientos de aseo personal de manera particular para evitar el encuentro con compañeros del grupo infectados con parásitos, señalaron Clémence Poirotte y suscolegas en un informe publicado en 2017 en Science Advances. Los mismos investigadores demostraron en una nueva publicación del año 2020 en Biology Letters que los mandriles continuaron aseando a ciertos parientes cercanos que tenían altos niveles deparásitos mientras que permanecían alejados de otros miembros del grupo. Mantener alianzas fuertes e incondicionales con ciertos parientes puede tener numerosos beneficios a largo plazo en los primates, incluyendo los humanos. En estos primates, las hembras con los lazos sociales más estrechos comienzan a reproducirse antes y pueden tener más descendencia a lo largo de su vida. Las ventajas evolutivas asociadas al mantenimiento de algunos vínculos hace que valga la pena enfrentar el riesgo de una posible infección.

Los humanos también tenemos una larga historia evolutiva en el contexto de convivir con enfermedades infecciosas. ¿Habremos desarrollado también alguna forma de“inmunidad conductual” como las que comentamos recientemente? Se ha propuesto que la sensación de asco que sentimos en sitios sucios o donde se encuentran muchas personas podría representar un comportamientos de este tipo. Sin embargo, los humanos en la actualidad poseen un repertorio de respuestas mucho más amplio para reaccionar ante las enfermedades más allá del aislamiento social.
La globalización consiste en un complejo proceso económico, tecnológico, político, social y cultural a escala mundial que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los países e implica el movimiento de una gran cantidad de personas por todo el planeta. Si bien este fenómeno permite que la diseminación de enfermedades infecciosas a todo el mundo se lleve a cabo en cuestión de horas, también nos brinda la posibilidad deconocer la aparición de un brote en un lugar alejado del globo mediante las comunicaciones digitales y tomar acciones en lugares o comunidades donde aún no hallegado la infección.
Entre las posibles medidas que se pueden aplicar para contener la expansión de laenfermedad está el distanciamiento social, como hemos visto que también hacen losmiembros de distintas especies. Los animales pierden lazos sociales con la distancia real,sin embargo, los humanos en la actualidad podemos mantenernos conectados en formaremota. Esta manera de comunicarnos nos da una cierta sensación de conexión, aunque no es capaz de reemplazar el contacto social. El aislamiento o cuarentena en la que nos encontramos en esta pandemia nos sigue resultando antinatural. La principal diferencia entre los humanos  y las otras especies es la capacidad de generar conocimiento básico y tecnológico y como consecuencia, desarrollar herramientas sofisticadas no conductuales, como las vacunas,que previenen enfermedades, o compuestos con propiedades antibióticas y antivirales, sin la necesidad de realizar cambios de comportamiento como el aislamiento prolongado.

Los mandriles llevan a cabo un distanciamiento social estratégico mantienndo lazos con parientes cercanos.


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